El pueblo
No en vano una de las acepciones del nombre de Montsonís es “Munt sonor”. Situado arriba de un cerro, resguardado por la Sierra del Montsec y con el Valle del Segre a los pies, el pueblo se llena del “ruido del silencio” que tanto aprecian sus visitantes.
El paisaje que rodea el pueblo está lleno de contrastes y se caracteriza por su gran dinamismo y por ser siempre verde. Según la estación del año, el verde lo aporta el propio paisaje, el regadío del Valle del Segre o bien fruto de la actividad de los labradores y ganaderos de la comarca.
Al fondo del valle, el río Segre ha ido depositando a lo largo de los años interesantes sedimentos geológicos que hacen posible encontrar fósiles o, incluso, buscar oro. Y rodeando el valle: la Sierra del Montsec, una zona aún poco explotada y con numerosos caminos por recorrer, paredes por escalar y fuentes por descubrir.
Montsonís es un pueblecito presidido por un castillo con casi mil años de historia construido el 1024 por el Conde de Urgel Ermengol II para proteger sus tierras. Ya en aquella época, a Montsonís llegaban visitantes; peregrinos del Camino de Santiago que podían dormir en una de las habitaciones del castillo, aun cuando, por normas de seguridad, cerrados con cerradura y llave para evitar que pasearan impunemente por toda la casa durante la noche.
Y es que Montsonís fue muy relevante durante la época medieval debido a su situación fronteriza con el mundo árabe. Más adelante, cuando se definió el territorio, los repobladores construyeron las casas alrededor del castillo. Aprovechaban trozos malogrados de murallas, cuevas, irregularidades del terreno... encanto histórico que todavía se mantiene hoy en día.
Ahora, los visitantes pueden recorrer todas las dependencias del Castillo (la cocina, la prisión, las torres de vigilancia, la habitación del peregrino, la mazmorra, etc.) y conocer su historia a partir de una visita guiada, con una explicación adaptada a cada edad; la visita guiada al Castillo transporta al visitante a la edad media.